jueves, 19 de septiembre de 2019

El perdón ¿Te hacen daño o se dañan a si mismos?


El perdón ¿Te hacen daño o se dañan a si mismos?

Hola, ¿qué tal te encuentras? Imagino un gran sí, pero si no, no te preocupes, la vida es como una gran montaña rusa, es obligado estar arriba, sentirte tremendamente feliz. Y al cabo de un tiempo encontrarte en la parte baja con la sensación de que será imposible volver  a llegar a lo más alto de nuevo.
Hay emociones que pueden hacerte caer a lo más hondo del pozo, todos somos conscientes de eso. Hay una en concreto que es muy complicada de manejar correctamente, provoca mucho rechazo en las personas y siempre nos sentimos heridos y atacados. Se trata del perdón.
¿Cuántas veces has dicho...? Sí, de verdad que yo he perdonado a esa persona a pesar de todo el daño que me ha hecho ¿Seguro? Lo dudo mucho. Hay muy pocas personas capaces de perdonar realmente.
El perdón forma parte de un capítulo del primer volumen de la trilogía escrita por mí de título ¿Quieres saber por qué lo has hecho?.
Ahora daré unas pinceladas a lo que realmente supone perdonar y por qué me atrevo a afirmar que probablemente no hayas perdonado a las personas que te han dañado en algún momento de tu vida.
El perdón hay que trabajarlo. Perdonar significa perdonar de corazón a la persona que te ha insultado, maltratado, robado, engañado... Sí, de corazón, que cuando recuerdes los hechos del pasado no tengas sentimientos de odio, rencor o rechazo. Eso ya no es tan sencillo, ¿no?
No estoy hablando de que tú te humilles ante esa persona, ni que le liberes de su responsabilidad. Te estoy hablando de liberarte de la carga que supone el odio y el rencor. Cuando tienes estos sentimientos tú sufres, tu cuerpo sufre. Tu organismo genera la hormona del estrés, el cortisol, que te prepara para el enfrentamiento o la huida. Son cambios físicos que nunca te ayudarán puesto que tu sentimiento es abstracto, no está sucediendo en ese momento, es pasado y, por tanto, ya no existe en el presente.
Te estás desgastando, estás literalmente perdiendo tiempo de vida por algo que ya no tiene solución.
¿Cuánto tiempo has perdido en tu vida o de tu  vida? ¿Cuánto más quieres perder?
Te preguntarás cómo se hace. Hay que traspasar el dolor que ese momento concreto te produjo. Traspasar es superar aceptando lo que sucedió, dándote permiso para llorar y gritar por los sentimientos que tenías dentro y no pudiste expresar. Es liberarte del cáncer que supone el odio.
Para perdonar no es necesario hablar con la otra persona porque no se trata de ella sino de ti. Te mereces estar en paz y mientras no superes ese dolor, jamás podrás alcanzarla.
Es liberador como solo la experiencia misma puede enseñártelo.
Puedes creerme o no, pero sí me gustaría que probaras. Perdona y serás libre. Odia y seguirás bajo el influjo de esa persona que te dañó.
Tu vida es importante, no malgastes tu tiempo con ese veneno que contamina tu mente y tu cuerpo.
No es fácil, lo entiendo, lo he vivido. No será cuestión de días o incluso deba pasar más tiempo pero si sigues buscando el modo de hacerlo lo lograrás. Es personal, es único como tú. Es constancia y seguridad en que el resultado te generará bienestar y vida.
Yo sé que tú puedes.
Rocío Testa Álvarez.

lunes, 16 de septiembre de 2019

¿Cuidas tu salud mental

¿CUIDAS TU SALUD MENTAL? ¿HABLAMOS DE ELLO?

Hola, soy Rocío Testa Álvarez, psicóloga, escritora desde que me enseñaron a  escribir, una incansable estudiosa de la mente y el comportamiento humano. Pero sobre todo y ante todo, soy madre, madre de dos niños. Una pequeña que tiene hoy 6 años y un chaval que cumplirá 19 años este mes de septiembre. Él es especial, lleva consigo un problema que está aumentando día a día sin que se sepa exactamente la verdadera causa de este mal. Mi hijo es autista profundo. No habla más que unas pocas palabras porque para él no es útil el lenguaje verbal, no le sirve para expresarse o para pedir lo que necesita, y por ello no se esfuerza más que lo imprescindible. Tiene dificultades añadidas resultado de un funcionamiento erróneo o diferente de su cerebro.
Las personas que, como yo, tenemos a alguien con problemas de este tipo o similares, vemos el mundo de una manera diferente. Nuestras prioridades con respecto a lo que es nuestra vida cambian.
Generalmente nos centramos en nuestro familiar dejando a veces de pensar en nosotros, nuestra obsesión es que esta persona, sangre de nuestra sangre, sea lo más feliz posible, que viva lo más integrado posible y no sufra rechazo ni le hagan daño.
Les creemos más vulnerables que los demás, les sobreprotegemos impidiendo en muchas ocasiones que pasen las etapas normales de sus vidas. Les salvamos un millón y un ciento más de tropezar con las piedras que se encuentran en su camino.
Los cuidadores no profesionales, básicamente la familia, generalmente no han estudiado para cuidar de estos seres tan especiales. A veces sí ocurre que, como en mi caso, parece que la vida me llevó a realizar la carrera con el objeto de atender y entender a mi hijo con autismo.
Muchas familias se encuentran de pronto con diagnósticos formados con palabras complicadas y técnicas que no entienden. Entonces aprenden qué significan, qué es lo que pasa a su familiar, cómo pueden ayudarles y, poco a poco, sin darse cuenta, dejan de vivir su vida para adaptase a la persona con el problema.
Es inconsciente, es progresivo, hasta llegar al punto en el que ya tienen un trabajo asignado para toda la vida: Familiar cuidador de una persona con enfermedad mental.
Los cuidadores aprenden de fármacos con nombres aún más extraños que el propio diagnóstico, los efectos que producen... y aprenden a callar, a silenciar sus sentimientos, su cansancio, su impotencia y a exagerar los pequeños logros que su hijo, su hermano o incluso su padre, consigue. Ese pequeño avance equivale a una matrícula de honor de cualquier estudiante. Suponen inyecciones de adrenalina que consiguen aliviar la carga emocional que supone el día a día.
La perfección vital radica en esa sonrisa, ese abrazo, esa felicidad momentánea del ser amado. Y eso precisamente se vuelve a veces en su contra cuando, hartos de la hipocresía que a veces muestra la sociedad, detectan cualquier pequeña injusticia que se comete en contra de los que son como los suyos o que poseen cualquier tipo de minusvalía.
Sólo es el ser humano luchando por la supervivencia, por la defensa de sí mismos y de su mundo.
Si tú eres cuidador, cuidadora, quiero decirte algo que tal vez nadie más te diga. Olvida lo que crees que es tu deber. Aprende la importancia del egoísmo, sé egoísta, lo necesitas. Aprende que tu bienestar ayudará a los tuyos mucho más que el sacrificio sin control. Aprende a delegar en los demás y, sobre todo, aprende a CONFIAR, confiar con mayúsculas.
Afortunadamente, los seres humanos somos seres sociales, vivimos en grupos, tenemos empatía, somos solidarios, tenemos inteligencia emocional, término tan de moda últimamente. Aunque haya ocasiones en las que estamos ciegos a ello porque permanecemos más centrados en detectar los juicios y prejuicios de algunos, que resultan ser ignorantes siempre.
La salud mental además no incluye solo a los trastornos psiquiátricos graves. La salud mental consiste en saber cuidarse, valorarse y amarse a uno mismo. Para salvar a alguien de morir ahogado primero debes saber nadar. Aprende a nadar con seguridad y podrás rescatar a la persona que se está ahogando. Primero Tú, ese debe ser el objetivo, ser tu principal empeño. Cuidarte y amarte para poder amar y cuidar.
No eres egoísta por cansarte, por deprimirte, por estar ansioso o estresado. Eres egoísta cuando no buscas ayuda y te lo tragas todo hasta que finalmente estallas y caes enfermo.
Mi mensaje no acaba en los cuidadores no profesionales, es decir la familia. Mi mensaje también va dirigido a ti que padeces una enfermedad mental. Tú sufres y sufres mucho. No solo por ti, también sufres por tu familia. Tú quieres más que nada en el mundo estar bien.
Pues para ti tengo un consejo que puedes seguir si te convence. No luches contra tus síntomas, no niegues lo que eres. La enfermedad está contigo y es parte de tu esencia.
Es importante aceptar lo que te sucede, hablar de lo que sientes y luchar contra los miedos que te llevan a esconderte y a negar lo que tienes.
No eres mala persona. Eres persona, única, especial y con muchos valores y potencialidades que solo podrás explotar si dejas que te ayuden, si te amas como la buena persona que eres.
Por último, tengo unas palabras para ti vecino, vecina, ciudadano de este mundo. Puede que tengas conocimiento o no de lo que es la enfermedad mental pero te voy a pedir una única cosa: no juzgues. Olvida los prejuicios y no tengas miedo a saber lo que son las enfermedades mentales.
La enfermedad mental no te hará daño si no la padeces. La enfermedad mental no es contagiosa. Saber de ella no te perjudicará sino que te enriquecerá de un modo que solo entenderás si abres la mente a formas de ser, de actuar y de pensar diferentes a lo que se considera normal.
Mi sueño es enseñarle a todas las personas lo que son las enfermedades mentales de manera sencilla y amena. Es un sueño, no una utopía. Solo hay que comenzar con la primera piedra, como con cualquier edificio. Sé que puedo conseguirlo porque tú me escucharás, leerás los libros que escribo con este objetivo porque sentirás curiosidad, confío en ello.
Ahora contesta, ¿cuidas tu salud mental?
Lo peor no es tener problemas sino no querer verlos. Tú eres lo más importante que posees.
Muchas gracias por leerme.

Rocío Testa Álvarez.